Antes de la llegada de los conquistadores, México contaba con una estructura económica muy avanzada en la que el comercio desempeñaba un papel importante. Como es natural, se había desarrollado un sistema de medios de cambio que, aunque no incluía la almonedación propiamente dicha, satisfacía las necesidades de tráfico mercantil.
El cacao
Para las transacciones normales, el medio de cambio más general era el cacao, y su uso se extendió a los países que hoy forman la América central y hasta el Brasil. El cacao que servía de moneda no era el de tamaño pequeño utilizado para hacer la bebida, sino el de una especie más ordinaria.
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No es posible asignarle un valor a este signo cambiario, pues naturalmente dependía de su escasez y de la región en que se producía. Sin embargo, se han hallado documentos que señalan que un real (doce centavos y medio) equivalía a 200 cacaos; por orden virreinal del 17 de junio de 1555 se fijó en 140 granos el valor de un real español; en 1575 el precio del cacao se había elevado a 100 granos por un real y a fines del siglo XVI la cotización era de 80 a 100 cacaos por un real. Una idea aproximada de los precios que regían en aquel entonces nos la da el hecho de que un conejo se podía cambiar por 10 granos de cacao, dos zapotes costaban un grano y un esclavo se podía adquirir por 100 granos. |
Sorprende que en la avanzada civilización del México antiguo no existiera otra moneda mejor que el cacao; pero si se compara con todos los demás extraños y variados medios de cambio primitivos, se verá que este grano aventajaba a todos.
El cacao moneda fue tan importante que su valor se reglamentó oficialmente durante el virreinato y su uso persistió hasta principios del siglo XIX; hay testimonios que todavía en 1840 se recibía en las tiendas y su empleo como moneda en Tuxtla Gutiérrez, en 1911, se ha comprobado documentalmente. No es difícil que aun se utilice en algunas regiones remotas y productoras del grano, al igual que sobrevive el uso del maíz como medio de cambio en algunos pueblecillos apartados.
El polvo de oro
Otro artículo muy favorecido para las transacciones comerciales de mayor valor fue el polvo de oro, que se encerraba en cañones transparentes de pluma de de ánade, de manera que mostrara la cantidad y pudiera efectuarse el trueque de acuerdo con ésta. El oro en tal forma, o fundido en barras, era usado por las tribus del sur del imperio mexicano para satisfacer tributo al poderoso pueblo azteca.
El jade y el algodón
De importancia también fue el jade, más apreciado que el oro, que se utilizaba para las transacciones en forma de cuentas y no de anillos, como se ha encontrado en otras regiones. De uso común también eran las piezas de tela de algodón, con valor mayor que el cacao y que servían, a lo que se cree, para comprar objetos de poco valor.
hachitas de cobre
Se ha discutido el uso como medio de intercambio de las hachitas de cobre encontradas en gran cantidad en la región mixteca, que tenían la forma de la letra tau griega, de diversas medidas y que entre nosotros se conocen como tajaderas. Parece que estas monedas no pueden considerarse como monedas prehispánicas, pues no las citan Cortés ni los historiadores en los primeros veintiocho años de dominio español, o sea que su aparición se fija doce años después de establecida la Casa de Moneda de México. Estas hachuelas recuerdan a las hachas-moneda, que fueron una de las formas más apreciadas de moneda en las comunidades de la Edad de Bronce en Europa. Lo más probable es que originalmente las tajaderas fueran raspadores de pieles o herramientas de alfarería de los mixtecas, zapotecas y toltecas y que más tarde se hayan convertido en objeto de trueque para las adquisiciones de poco valor entre indígenas y españoles, debido a la gran escasez de moneda menuda que se experimentaba.