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Reflexiones sobre la historia y la ciencia económica
lunes, 29 de enero de 2018
Hugo Salinas Price

Nicolás Oresme, (1320-1382) fue un obispo católico, un erudito con amplísimos conocimientos, que estudió la conducta humana respecto al dinero - el cual, durante su época, consistía de monedas oro y de plata; y quizá fue el primero en notar que los seres humanos les atribuyen diversos valores a las monedas que reciben.

Oresme observó que, al momento de hacer pagos, los tenedores de monedas de oro y de plata preferían entregar sus monedas más desgastadas, y conservaban las más nuevas y las que estaban en mejores condiciones. De tal forma que fue Oresme quien realmente descubrió la famosa 'Ley de Gresham', doscientos años antes de que el inglés Thomas Gresham hiciera la misma observación durante el reino de Isabel I de Inglaterra (1558-1603).

Por otra parte, Juan de Mariana (1536-1624) fue un teólogo y célebre historiador español que denunció y combatió la política del rey de España, cuando éste redujo el contenido de oro en la moneda del reino. De Mariana argumentó que el dinero circulante de España era propiedad de los españoles y no propiedad del rey, para hacer con él lo que se le antojara. Por decir esto, fue encarcelado por la Inquisición.

Menciono a estos dos pensadores como ejemplos de los primeros indicios del pensamiento económico en Occidente.

Desde el año 313, cuando el emperador romano Constantino declaró que el Cristianismo sería la religión oficial del Imperio, y hasta más o menos el año 1500, la vida intelectual de Europa estuvo bajo la tutela de la Iglesia Católica. Esos siglos vieron el florecimiento maravilloso del espíritu humano, basado en la Fe, que afirmaba que los seres humanos tienen almas que perduran hasta la Eternidad, tras la muerte física. Esta gran esperanza fue el consuelo de millones de seres humanos, que gracias a esa esperanza soportaban las tristezas que inevitablemente se padecen en esta vida. Vemos las consecuencias de este gran sentimiento de esperanza, en las magníficas catedrales góticas que se construyeron durante esa época.

En 1453, tras muchos años de combate, la Constantinopla Cristiana - que hoy lleva el nombre de Estambul - cayó en poder de los bravísimos turcos islámicos. Durante los años antes de la caída, muchos habitantes de la ciudad, que hablaban griego, huyeron a Italia y llevaron consigo una gran cantidad de libros en griego, que versaban sobre la filosofía e historia de la antigua Grecia. Una de las ciudades donde se refugiaron fue Florencia, Italia, y ahí los refugiados les enseñaron a los pensadores locales el idioma griego, de tal forma que éstos pudieron leer aquellos textos antiquísimos, que hasta entonces desconocían.

El efecto que tuvieron estas lecturas sobre quienes leyeron por primera vez a los antiguos griegos fue colosal, ya que los libros les abrieron nuevos horizontes intelectuales. Sin embargo, el efecto sobre la Iglesia no fue del todo grato para ella, porque la lectura de estos textos antiguos pre-cristianos promovía la libertad de pensamiento, actitud que se salía de los límites establecidos por esta institución. Este 'Renacimiento (del Conocimiento)' se extendió por toda Europa entre los pensadores, gracias a la invención de la imprenta.

Después de esta revolución intelectual causada por el resurgimiento de la lectura de los autores clásicos griegos, vino otro golpe a la Iglesia, ahora proveniente de la Astronomía, que debilitó aún más su situación, pues la Iglesia sostenía que la Tierra era el centro del Universo y que alrededor de la Tierra giraban el Sol, la Luna y las Estrellas. (Ahora bien, desde un punto de vista eminentemente práctico respecto a la vida humana, la postura de la Iglesia era, y aún sería, muy aceptable; sin embargo, estos descubrimientos de los astrónomos sí afectaron a la Iglesia.)

Nicolás Copérnico (1473-1543) nació en Polonia; fue un abogado católico, militar, y pensador. En su libro, Acerca de las Revoluciones de las Esferas Celestiales (cuyo primer ejemplar recibió en su lecho de muerte) Copérnico afirmó, con gran prudencia, que quizá el Sol no giraba alrededor de la Tierra, sino que la Tierra giraba en una órbita alrededor del Sol.

Galileo (1564-1642) encabezó la revolución de la Astronomía y mediante un telescopio (inventado recientemente en Holanda) pudo ver las lunas que giraban alrededor de Júpiter. Esta observación confirmó la tesis de Copérnico y debilitó aún más la autoridad de la Iglesia, que sostenía la tesis de una Tierra inmóvil como centro del Universo. Galileo era de temperamento difícil y arrogante, pues creía ser poseedor de la Verdad, y cometió un grave error: aunque la mayoría de los Jesuitas en Roma ya estaban tácitamente de acuerdo con sus descubrimientos, Galileo se atrevió a ridiculizar al Papa por no aceptar sus ideas, lo cual le costó vivir encarcelado en su domicilio, por el resto de sus días.

Johannes Kepler (1571-1630), tras una vida entera dedicada al estudio astronómico y a realizar cálculos matemáticos de los planetas, elaboró sus tres teorías sobre el movimiento de los planetas alrededor del Sol.

Para coronar el estudio astronómico, Isaac Newton (1643-1727) elaboró el cálculo matemático y las Leyes de la Gravitación Celeste.

Con Newton ya estamos en el Siglo XVIII, en la Era de las Luces, cuando el mundo occidental hervía con descubrimientos científicos en todos los campos del conocimiento. Benjamín Franklin inventó los términos 'positivo' y 'negativo' en relación a la energía eléctrica, y también inventó el término 'batería' para los almacenadores de energía eléctrica. Durante ese siglo, se comenzó a usar el carbón para mover máquinas y se hicieron los primeros vuelos en globos aerostáticos.

Así, durante el Siglo XVIII, la Ciencia Física desplazó a la Iglesia como fuente principal de conocimientos. La Ciencia Física representaba lo que era nuevo, mientras la Iglesia representaba lo viejo y desgastado. Y los logros sorprendentes de los científicos tenían atónita a la humanidad.

Durante 1500 años, la autoridad de la Iglesia había mantenido un nivel de orden sobre la humanidad, que sufría los golpes dolorosos e inevitables que siempre han acompañado a la vida humana. Sin embargo, en el Siglo XVIII, la Ciencia dejó atrás a la Iglesia.

Durante miles de años anteriores, habían ocurrido muchas revoluciones exitosas, pero éstas sólo habían implicado una transferencia del poder político. La primera revolución que tuvo la intención de mejorar las condiciones de la vida humana, fue la Revolución Puritana en la Inglaterra de Oliver Cromwell, pero ésta sólo se sostuvo por pocos años (1648-1657).

La primera revolución duradera de la historia humana que propuso un nuevo orden en la vida, con su lema 'Novus Ordo Saeclorum' ('Nuevo Orden de los Siglos') fue la Revolución Francesa de 1789. El origen intelectual de los Estados Unidos de América queda manifiesto al ostentar dicho lema en sus billetes.

Los revolucionarios franceses - los hombres más inteligentes e instruidos de la élite francesa - vivían cautivados por la idea de que la Ciencia era el camino seguro para lograr la felicidad futura de la humanidad. Los éxitos espectaculares de la Ciencia en todos los campos - como la posibilidad casi divina de los científicos, de predecir los movimientos de los planetas y el descubrimiento de la electricidad con las maravillas que ésta realizaba - produjo en sus mentes gran confianza en la Revolución como el camino a un mundo justo y mejor, libre del hambre y de la opresión política. Su intención era, como lo dice su lema, crear Un Nuevo Orden de los Siglos. Y menospreciaban a la Iglesia, pues ésta institución enseñaba que la condición de la humanidad dentro de la Creación, es inalterable.

Los revolucionarios franceses pensaban que la monarquía era una institución ridícula, ocupada a la sazón por un rey ridículo, Luis XVI. Para ellos, era totalmente contrario a la razón que las vidas de millones de franceses tuvieran que ajustarse a los antojos de un rey joven, flojo y ocioso, cuyo principal interés era saber cómo funcionaban los relojes y reparar personalmente su colección de estos instrumentos.

En su opinión, lo que debía gobernar a la nación francesa era la Inteligencia, y quienes integraban la Asamblea Revolucionaria eran los hombres más inteligentes y educados del país. Se proponían basar su gobierno en la Ciencia, y desde entonces, la 'Ciencia' es la luz que orienta a todos los gobiernos del mundo.

Sin embargo, en 1790 la nación se topó con un gran bache en el camino; el mismo bache que ha obstaculizado la labor de todos los gobiernos 'Científicos' desde tiempos de la Revolución Francesa.

Los revolucionarios franceses, completamente convencidos que la Ciencia (según ellos la entendían) podía abrir el camino para una nueva etapa llena de esperanza para todos, se hallaron frente a un problema que ahora conocen todos los que observan los acontecimientos actuales: la Revolución produjo incertidumbre entre los hombres de negocios, desde los más pudientes hasta los más modestos, y se presentó en Francia lo que nosotros llamaríamos una 'Depresión Económica'. El oro - que entonces era el dinero de Francia - escaseó y se redujo drásticamente la actividad económica. Cerraron muchos negocios y se presentó el desempleo.

Los miembros de la Asamblea Nacional, como eran los hombres más inteligentes y más educados de Francia, se dispusieron a enfrentar con toda confianza el problema del desempleo y la falta de dinero en el país: '¿Para qué sirven la inteligencia y la educación, si no es para resolver problemas? Resolvamos este molesto problema de depresión económica.' De tal forma que los ilustres miembros de la Asamblea Nacional se pusieron a pensar, y al fin hallaron la Solución - la misma Solución que todos los gobiernos actuales aplican contra las 'recesiones' y las 'depresiones': Ya que el dinero -el oro- se escondía, había que crear otro dinero, artificial y basado en el crédito, al cual bautizaron como 'Assignat'.

Los miembros de la Asamblea Nacional inventaron este nuevo dinero para Francia, cada unidad del cual representaba una hipoteca parcial sobre las enormes extensiones de tierras que recientemente se habían expropiado a la Iglesia. '¿Qué dinero puede ser mejor que el Assignat, si éste representa el enorme valor de la preciosa tierra de Francia?'

Así se lanzó el Assignat, con un valor monetario equivalente a cierta cantidad de dinero de oro, cantidad supuestamente establecida con referencia al valor de una extensión determinada de tierras expropiadas e hipotecadas.

Grande fue el alboroto en la Asamblea Nacional, cuando el valor del Assignat cayó con respecto al oro, inmediatamente después de su emisión. En seguida, la Asamblea Nacional decretó incrementar la emisión de Assignats, para contrarrestar el efecto de su caída de valor. Tras esta emisión vino una serie interminable de emisiones -'Quantitative Easing' se le dice hoy en día - para frenar el desplome de la actividad productiva y comercial en Francia.

Sin embargo, el valor del Assignat cayó a una velocidad cada vez mayor. El sector más inteligente de la población contrató enormes préstamos en Assignats, y con los Assignats prestados compraron tantos bienes tangibles y cosas de valor, como pudieron. (Ya nos sabemos ese cuento.)

Mucho se ha escrito sobre las medidas que la Asamblea Nacional tomó para castigar a aquellos malvados que insistieran en poseer oro, o en comerciar a cambio de pago en oro; los castigos eran severos: acabar en la Guillotina, o ir preso a las galeras de por vida. Era motivo de cárcel, si un comerciante antes de dar un precio, le preguntaba a un cliente con qué moneda pretendía pagarle.

Para no hacer el cuento largo, al cabo de siete años de esta locura, en 1797, Francia - el país más próspero de Europa - quedó en la miseria absoluta: multitudes de parisinos hambrientos se arremolinaban para conseguir trozos de pan podrido.

El sufrimiento no cesó sino hasta que llegó el Emperador Napoleón y él declaró: 'Pagaré con oro, o no pagaré'.

Así terminó el experimento del Assignat, pero no la idea, que sigue viva hasta nuestros días. Hoy, el mundo entero pretende funcionar con dinero inventado - el Dólar, el Euro, la Libra Esterlina y todas las monedas mundiales son dinero inventado, exactamente como el Assignat francés hace doscientos años.

¿Por qué insisten los gobiernos de todo el mundo, en querer operar con dinero inventado, que siempre y en todas partes ha fracasado hasta llegar a su valor intrínseco: cero? Lo hacen porque todos los gobiernos de hoy en día, son herederos intelectuales de la Revolución Francesa, y persisten en su intento de borrar el hecho central de la experiencia humana: que la condición de la humanidad dentro de la Creación, es inalterable. Los gobiernos elegidos - y no elegidos - de hoy en día, siguen necios en su intento de hacer lo imposible: eliminar el sufrimiento. Sin embargo, la pretensión de eliminar el sufrimiento cuesta mucho dinero, y la única forma de tener suficiente dinero, es inventarlo.

En nuestro mundo actual, el resultado será, inevitablemente, el mismo que obtuvo la Asamblea Nacional francesa en el Siglo XVIII: miseria y desolación, con hambre para muchos millones de personas.

La culpa no es de la Ciencia. La culpa radica en 1. El uso equivocado de la Ciencia, para 2. Intentar lograr un objetivo imposible de realizarse: crear un mundo sin sufrimiento.

Debo aclarar que la Ciencia origina en dos fuentes distintas:

Existe la Ciencia Física, que ha producido maravillas en nuestra era y es, indudablemente, de enorme importancia. La Ciencia Física se basa en el método experimental, formulado por el inglés Francis Bacon (1561-1626). El método experimental opera mediante la selección de un factor que no cambia y el registro del efecto producido sobre él, por un factor cambiante. Mediante este método, llegamos a una verdad física; el método se clasifica por la Lógica como el método inductivo. Para simplificar, un ejemplo: colocamos un huevo de gallina en agua, a varias temperaturas, y el resultado invariable es que un huevo colocado en agua hirviendo durante once minutos, se vuelve un huevo duro. Hemos llegado a esta verdad por medio de la inducción, o sea, por la experimentación. Toda la Ciencia Física se basa en este método. (Bacon murió de pulmonía; se dice que contrajo esta enfermedad al experimentar con los efectos de la congelación, sobre la carne cruda.)

Sin embargo, aparte de la Ciencia Física, existe otra Ciencia, que es la Economía.

El gran error de la Asamblea Nacional francesa, y de todos los gobiernos y sus 'economistas' desde aquellos tiempos, ha sido ignorar la diferencia fundamental entre la Ciencia Física y la Economía, cuya fuente de conocimiento no es la experimentación, o sea, la inducción, sino la deducción. La Economía inicia con la postulación de un hecho irrefutable: que los seres humanos eligen, y de ese hecho, deduce por Lógica las alternativas que tienen los seres humanos, al actuar en varias circunstancias.

Los miembros de la Asamblea Nacional de la Francia Revolucionaria actuaron deslumbrados por los imponentes triunfos de las ciencias físicas y no fueron capaces de ver que los asuntos humanos no pueden, absolutamente, responder en forma predecible a la experimentación - en ese caso a la experimentación monetaria, que incluye, por ejemplo, en nuestros tiempos, la experimentación con 'Quantitative Easing'.

El método inductivo, o sea la experimentación, es inaplicable al cabal entendimiento de asuntos humanos -los seres humanos no son predecibles en sus respuestas a estímulos diversos - y por lo tanto este método no sirve a los gobernantes para guiar bien a sus gobernados; la experimentación con seres humanos es algo verdaderamente inhumano, además de que su resultado es impredecible.

Lo que hemos establecido invalida todo el 'corpus' de Economía moderna que se enseña en las universidades más importantes del mundo y que es la doctrina que guía a todos los gobernantes en sus política económicas.

Sin embargo, existe una Teoría Económica que se basa en la metodología correcta de la deducción: la Economía Austriaca, cuyo creador fue el austriaco Carl Menger (1840-1921) y hoy, su versión más reciente, la Nueva Escuela Austriaca de Economía, cuyo fundador es el Profesor de Matemáticas Antal E. Fekete, de Budapest, Hungría. (Una profesora sostiene que Juan de Mariana, a quien ya mencionamos anteriormente, y que vivió en los Siglos XVI y XVII, en realidad ya desde entonces estaba pensando de acuerdo con los lineamientos de la Escuela Austriaca de Economía, que se elaboró tres siglos más tarde.)

Lamentablemente, los gobiernos del mundo entero y sus guías, los profesores de las doctrinas erróneas de la escuela inductiva de economía, no mencionan ni por error, a la verdadera ciencia económica tal y como la presentan las Escuelas Austriacas, la tradicional y la nueva, porque permanecen bajo la perdurable influencia de las ideas de la Revolución Francesa, que postulaba un mundo reformado donde no existiría el sufrimiento. Hoy en día, si un profesor de economía acepta públicamente que un mundo sin sufrimiento es un sueño imposible, está en peligro de perder su empleo. No se puede decir la verdad.

Las consecuencias de tal o cual política económica hoy en día, son impredecibles, pero sí es predecible el fracaso mundial basado en la falsedad económica de la experimentación: un desastre mundial inevitable.

Los pensadores del mundo tienen la esperanza de que la Rusia Cristiana y la China Confuciana, las dos grandes potencias de Eurasia, encabecen un retorno al oro como moneda mediante su fuerza militar; y que así acaben, como lo hizo Napoleón antes que ellos, con los remedos del 'Assignat' en todo el mundo.

Tal transformación, en pleno acuerdo con las doctrinas de las Escuelas Austriacas de Economía, de inmediato haría revivir la economía mundial, porque tendría inevitables consecuencias buenas: 1. Renacería la esperanza de ver un futuro mejor, en todas las naciones. 2. Todos los individuos capaces de trabajar desearían trabajar lo más intensamente posible, para poder hacerse del valioso dinero de oro o de plata. 3. Volvería a prevalecer aquel principio que ha regido la vida humana en todos los tiempos: 'El que no trabaja, no come.' Para motivar a todos los que están perdiendo el tiempo en la vagancia.

Las ilusiones que hoy confunden a millones de mentes ociosas tendrían que desaparecer. Sueños como colonizar Marte; fantasías inhumanas de 'automatizar' el trabajo mediante robots, para eliminar el trabajo humano; inútiles investigaciones de 'Inteligencia Artificial' - proyecto de quienes se sienten unos diosecitos - porque lo que hará falta será el gran tesoro de todos humanos: la inteligencia humana, que operará sobre los problemas de la existencia a través del medio de dinero verdadero; políticas absurdas, como el cobro de impuestos a quienes producen, para asegurar la comodidad de todos los flojos con ingresos garantizados por el Estado; todas estas negaciones de la Realidad habrían de olvidarse.

Sin embargo, por mucho, el daño más grave que está causando el dinero falso de hoy, es el irremediable desperdicio total de recursos naturales valiosos. El mundo está dilapidando recursos naturales no renovables para siempre, privando a las generaciones futuras de su uso; y no hay percepción alguna del daño que se está incurriendo, al no atribuirse sus verdaderos precios a estos recursos naturales. Si estos recursos se valuaran correctamente en términos de moneda de oro, esto tendría el efecto de preservar su uso para razones bien fundamentadas: hoy los costos verdaderos de recursos naturales como el petróleo, quedan disfrazados por las gigantescas sumas de 'inversiones' de dinero fiat que implican su explotación - 'inversiones' que en realidad son costos, y que por esa realidad, nunca se devolverán dichas inversiones a los inversionistas.

La transformación de un mundo en el cual únicamente el oro - complementado con la plata - sea dinero, será seguramente un proceso sumamente doloroso, pero no hay forma de corregir un error fundamental terrible, la confianza ciega en el dinero fiat, sin que se tenga que pagar un alto costo por la corrección.

Antes de que se corrija este enorme error económico, me parece probable que el mundo entero tenga que pasar por un periodo de sufrimiento que erradique del espíritu humano las falsas ideas de la Revolución Francesa, que perduran hasta hoy. Se tendrá que aceptar el hecho que la vida humana es esencialmente problemática; que hay verdad en lo que enseñó durante siglos la Iglesia: que la condición de la humanidad dentro de la Creación es inalterable, y que si sentimos pena por el sufrimiento de nuestros semejantes, pues en ese caso habremos de practicar la caridad personal, o apoyar a instituciones caritativas, pero no pasarle el problema al Estado.

Espero que con esto, haya contribuido a una mayor comprensión del problema fundamental que hoy enfrenta la humanidad, y que quizá haya armado a algunos jóvenes con conocimientos que les podrán ser útiles para sobrevivir los difíciles tiempos que nos esperan.