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Historia

En busca de la riqueza
José Luis Ramírez Huízar

Artículo publicado en la Revista México en el Tiempo.
Año 4, Número 27, Noviembre-Diciembre 1998.

Después de que Hernán Cortés en 1521 conquistó Tenochtitlan, capital azteca, el interior del territorio mexicano, y específicamente el norte del país, se convirtió en el objetivo de los españoles en busca de metales preciosos. Esto era explicable si consideramos que por aquella época en que privaban las teorías mercantilistas, la posesión de metales preciosos era considerada como el mejor signo de riqueza.

En el curso del siglo XVI se fueron extendiendo las zonas de explotación y dominio, principalmente por medio de la minería, una de las actividades más relevantes en cuanto a los avances técnicos y científicos de la sociedad moderna; por otra parte, la agricultura fue un sector de considerable influencia en la sociedad colonial, seguida por la manufactura y los oficios. La ganadería, como actividad de amplio desarrollo en la Nueva España, dadas las adecuadas condiciones climáticas, topográficas así como sus enormes espacios cubiertos de pastizales y arbustos, vivió una rápida proliferación de animales domésticos en América.

Construcción del Camino de la Plata

En lo que se refiere a la red caminera, desde la época prehispánica el territorio mexicano estuvo interconectado por una extensa red de comunicaciones; existieron rutas que permanecieron activas hasta la conquista española y que dieron origen a los sistemas carreteros de la Colonia, como el caso de las veredas y senderos trazados para el uso peatonal en el altiplano y los grandes caminos de ingeniería que existieron en el área maya.

La construcción del caminos Zacatecas-México, uno de los dos principales caminos que cruzaban el territorio de la Nueva España, inició a mediados del siglo XVI con el descubrimiento de los campos mineros zacatecanos en 1546-1547 y hasta 1550. Partiendo de la Ciudad de México, la ruta ya estaba bien definida hasta Querétaro, centro principal en la Nueva España en cuanto a la manufactura de paños de lana. Entre 1550 y 1555 se volvió aún más importante a raíz del descubrimiento de plata en Guanajuato en 1554-1556, mejorando lo suficiente para que por él pudieran circular los grandes carros, así como las carretas más pequeñas.

Así surgió el Camino de la Plata que vino a sustituir la antigua ruta México-Guadalajara-Zacatecas, representando una nueva ruta que al pasar por el centro del territorio, sin desviaciones, unía a la capital del virreinato y su casa de moneda con las minas recién descubiertas. Al igual que el camino que unía Veracruz con México, el de la plata fue aplanado y empedrado en su totalidad hasta Zacatecas, siendo justamente la actividad minera de este lugar, el móvil para semejante obra en el norte de la Nueva España. Su recorrido al principio terminaba en Zacatecas y posteriormente continuó hasta Santa Fe.

El Camino de la Plata, también llamado Camino Real de Tierra Adentro o Camino de Santa Fe, continuó siendo durante el siglo XIX el eje principal norte-sur del México independiente; en muchos de sus tramos se establecieron servicios servicios regulares de correos y diligencias y llegó a formar parte de las redes de comunicación e intercambio que proveyeron de alimentos y de todo cuanto necesitaban a Guanajuato, Zacatecas, Durango, Parral, Chihuahua, Paso del Norte hoy Ciudad Juárez y, desde luego Santa Fe, principales poblaciones del norte novihispano.

El desarrollo y distribución del Camino Real de Tierra Adentro tiene que ver con el medio físico. Pero también motivos económicos, sociales, religiosos, políticos, culturales, de salud y militares propios de mediados del siglo XVI, así como el afán expansionista de los españoles y su sueño de encontrar oro y plata en las tierras situadas al norte de la capital virreinal, en la provincia de los Chichimecas, dieron su forma especial a dicho camino. La incursión por esas tierras del norte siempre estuvo motivada por una combinación de propósitos: salvar almas de paganos y buscar riquezas minerales.

Transporte y comunicación

Por el Camino de la Plata transitaban primero los tamemes, hasta que paulatinamente se fue introduciendo el transporte en mulas, para que enseguida transitaran carros. Justamente en esta ruta se puede apreciar la evolución del transporte terrestre en México: desde el uso de la energía humana, pasando por la utilización de animales, hasta llegar al empleo de maquinaria.

A partir de la conquista española, cuando llegan a territorio americano las bestias de carga, sustituyeron a los indios tamemes, que en las épocas prehispánicas eran quienes cargaban en su espalda hasta 45 kilogramos de productos comerciales, envueltos en petates, depositados en huacales, esteras, ollas de barro, jícaras o petacas. Durante el período novohispano el transporte de mercancías se hacia por medio de la recua de mulas, cada una de las cuales cargaba alrededor de 150 kilogramos.

Fue en este momento en que se pasó del uso de la energía humana al uso de la energía animal. Más tarde, la actividad comercial hizo uso de la carreta, vehículo grande de dos ruedas que tenía una capacidad de transportar hasta 1,800 kilogramos, tirada por 6 u 8 mulas o bueyes enganchados de dos en dos. En los viajes de caminos planos como el de México a Zacatecas los carreteros empleaban el carro, vehículo más grande.

Las vías de comunicación y el sistema de transporte utilizados en el México independiente del siglo XIX no difirieron, básicamente de los existentes en la época colonial. La ampliación y mejoramiento de la red caminera y la adopción de nuevas formas de transportes para carga y pasajeros se inició en forma restringida a partir de la tercera década del siglo pasado, transformándose radicalmente con la introducción del ferrocarril.

Tráfico de Mercancías

Por el Camino de Santa Fe transitaban regularmente mercaderes españoles e indios, funcionarios, estancieros españoles, funcionarios indios, ganaderos, arrieros, tamemes, recuas de mulas, carreteros, mineros, misioneros, religiosos, artesanos, soldados españoles, sin faltar los bravos nómadas de los desiertos chichimecas. Este camino hizo posible el traslado de los bastimentos y mercaderías entre las minas y las poblaciones que abastecían, así como la fuerte corriente migratoria de gente que fluía de varios lugares del territorio hacia Zacatecas, debido al impacto económico que produjo el descubrimiento de las minas.

 

El cargamento más valioso de los carros y carretas que transitaban hacia el sur era, desde luego, la plata que ya refinada y acuñada se enviaba a Veracruz y de allí a España. También traían cobre, cueros, sal y azogue para los centros mineros intermedios. En cambio, las carretas que iban al norte llevaban a la creciente población de la frontera una gran variedad de abastos: equipo minero como mercurio, azogue, plomo y otras herramientas destinadas principalmente a Zacatecas y Guanajuato.

La larguísima, sangrienta y costosa guerra chichimeca llegó casi a su fin. Al mismo tiempo que se redujeron las expediciones militares y se prohibió el pago por las cabelleras de los indígenas -como prueba de que habían muerto-, o su captura como esclavos, por el Camino de la Plata salieron 400 familias tlaxcaltecas a poblar siete puntos dentro del arco de la frontera para servir de ejemplo y enlace con los chichimecas. San Luis Potosí, Saltillo, Chalchihuites y Colotlán fueron los principales asentamientos surgidos de esas medidas, y quedaron bajo la custodia de una nueva figura militar que recorrió esos caminos: el protector de frontera, encargado de cuidar la paz en esas poblaciones y las rutasa que los comunicaban.

Todavía hasta 1587, un español que viajaba por el Camino de la Plata y llegó hasta Chiametla, en la actual Sinaloa, escribió a su mujer que "desde que salí de México hasta entrar en Zacatecas no se me cayeron las armas a mí y a mi caballo de a cuesta, y las armas de pies a cabeza yo y el caballo, porque hierve la tierra de chichimecas, una generación del demonio, y otras muchas generaciones, que, por no ser largo, no digo, y a todo esto ningún poblado, y agua de ocho a ocho leguas, y poca y mala, durmiendo en el suelo y con mucha nieve... y cada noche tocándonos arma, y de día matándome los amigos".

Mercancías y mercaderes

Otro elemento que acompañó la riqueza minera fue el tránsito de las mercancías y mercaderes. Aunque en el siglo XVI muchas de las tierras del norte eran enormes bosques antes de la presencia hispánica, com pequeñísimas zonas de agricultura temporal que practicaban algunos grupos chichimecas, el consumo de madera y carbón para fundir la plata rápidamente dejó en la aridez el entorno inmediato de todos los reales de minas. Si agregamos las enormes cantidades de material de desecho que eran arrojadas y lavadas cuando se introdujo el sistema de patio, contaminando la tierra, el resultado fue la dificultad para

 

Para la vida doméstica eran llevados alimentos de todo tipo; ropa y calzado; productos del maguey y de las regiones tropicales; yerbas olorosas y especias; artículos ultramarinos; enseres domésticos; artículos para el aseo y limpieza, así como para la salud; implementos agrícolas. Los productos más importantes que llegaban a Zacatecas eran maíz, trigo, frijol y forraje.

Las caravanas pasaban varios días en las ciudades principales de la ruta y se contrataban por periodos de un año y medio, que era la duración del viaje de ida y vuelta, incluyendo el tiempo que se permanecía en el lugar del destino final: seis meses para la ida al norte, otros tantos para la entrega de la carga y compra de mercancías para el sur, y seis meses más para el viaje de regreso. Ya para el siglo XIX, cuando el camino era más recto y su estado había mejorado, el tiempo de recorrido de un convoy, de México a Santa Fe, se había reducido de seis a cuatro meses y medio.

Un punto neurálgico

Las consecuencias de la actividad económica en el Camino de la Plata, pueden sintetizarse en los siguientes aspectos: la práctica del comercio y la consolidación de la economía en la Nueva España; el fuerte impulso a la economía europea; y el establecimiento, fundación y consolidación de poblaciones menores, medianas y mayores, en las que se construyeron iglesias y conventos, palzas, palacios públicos y privados, puentes, obras hidráulicas, calzadas, mesones, fuertes, cuarteles y otro tipo de infraestructura. Estas poblaciones sirvieron de apoyo a la colonización y a la anexión de nuevos territorios a la Corona Española, ocasionando a la vez la cesión de tierras y expedición de licencias para establecer posadas, ventas o mesones y tabernas que servían de refugio y albergue a los viajeros, proporcionándoles alojamiento y descanso seguro. Los mercados regionales, que empezaban a veces con la autorización y establecimiento de tianguis para proveer los requerimientos de los pobladores, también fueron una causa de fortalecimiento para la economía de las ciudades mineras. El número de posadas se fue incrementando de acuerdo al ritmo del tráfico y comercio, convirtiendo a esta región del país en un punto neurálgico para la actividad económica general, en la que los centros, poblados, villas, ranchos y haciendas no solo establecieron una estrecha interdependencia y complementariedad en sus actividades económico productivas, sino también una identidad en los hábitos, costumbres, cultura e idiosincrasia, fenómeno presente durante siglos, a pesar de las demarcaciones fronterizas posteriormente establecidas.

Aunque se otorgaron mercedes reales a los primeros conquistadores, religiosos y encomenderos para establecer mesones en el Camino de la Plata, también hubo concesiones para algunos indígenas. Además, éstos se beneficiaron porque en ellos se les empleaba o porque al ser lugares de abastecimiento, dinamizaron la compra venta de bienes producidos por aquellos indígenas en sus propias regiones. Tal dinamismo comercial trajo consigo un incremento de la producción agraria, minera y ganadera, tanto por parte de los indios como de los estancieros españoles.

El gran movimiento económico que se desarrollo como resultado de la actividad minera en el norte del territorio y la apertura del Camino de la Plata, transformó radicalmente el horizonte del septentrión novohispano. Las grandes llanuras atravesadas por jinetes, carros y luego por el ferrocarril, dieron cauce a un desarrollo irreversible que, en principio, habitó el hábitat de los grupos chichimecas y abrió la idea de que la riqueza se encuentra al norte, hasta nuestros días.


Artículo publicado en la Revista México en el Tiempo. Año 4, Número 27, Noviembre-Diciembre 1998. (pp 25-27). Editorial México Desconocido, S.A. de C.V.

Autor, José Luis Ramírez Huízar, Licenciado en Economía UAZ; Maestro en Ciencias en Economía, con especialidad en Política Económica UAZ; Maestro Investigador de tiempo completo UAZ; Candidato a Doctor, Doctorado en Historia INAH - UAZ - GODEZAC; Becario de Conacyt.

 

 

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