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Historia

Un reto de imaginación y valor
Antonio Ramírez Ramos.

Artículo publicado en la Revista México en el Tiempo.
Año 4, Número 27, Noviembre-Diciembre 1998.

El rápido descubrimiento y colonización de todo el continente en poco menos de 60 años fue impulsado desde el primer viaje de Cristóbal Colón, cuando él y su tripulación encontraron pequeñas cantidades de oro en forma de pepitas y joyas, lo que motivó la busqueda y la explotación de los yacimientos de metales preciosos. Fue, así, la minería "la actividad creadora de pueblos y naciones de la América española".

No fue tarea fácil

El descubrimiento de las minas, la explotación de los metales y el beneficio de la plata no era tarea fácil y fue menester una serie de experiencias y conocimientos que culminaron con una gran capacidad de los mineros venidos a la Nueva España y al Perú, quienes lograron invenciones y aplicaciones de nuevas técnicas para la obtención de fabulosas cantidades de plata.

La construcción del caminos Zacatecas-México, uno de los dos principales caminos que cruzaban el territorio de la Nueva España, inició a mediados del siglo XVI con el descubrimiento de los campos mineros zacatecanos en 1546-1547 y hasta 1550. Partiendo de la Ciudad de México, la ruta ya estaba bien definida hasta Querétaro, centro principal en la Nueva España en cuanto a la manufactura de paños de lana. Entre 1550 y 1555 se volvió aún más importante a raíz del descubrimiento de plata en Guanajuato en 1554-1556, mejorando lo suficiente para que por él pudieran circular los grandes carros, así como las carretas más pequeñas.

Los mineros que llegaron al Nuevo Mundo no sólo traían el afán de gloria y rápida riqueza, sino además una mezcla de conocimientos técnicos y perseverancia, de imaginación y valor. Fueron estas virtudes las que animaron a los primeros mineros a recorrer a pie o en cabalgadura esas tierras, rocosas unas y con poca vegetación casi todas.

Estos mineros difundieron y aplicaron las técnicas traídas de Europa en la explotación y beneficio de los minerales de plata. Así, en las primeras minas, ubicadas en la región central de la Nueva España, la explotación de las vetas de plata se llevaba a cabo superficialmente, acumulando pequeñas cantidades de mineral con altos contenidos de plata, lo cual facilitaba el uso generalizado de pequeños hornos de fundición para el beneficio del rico metal. Por tratarse de mineral nativo o sulfuro de plata, localizado en zonas superficiales o poco profundas, eran apropiados para la aplicación de este método. Estas técnicas rápidamente se fusionaron con las formas de trabajar de los minerales antiguos mexicanos, logrando una mayor perfección en los métodos o sistemas de explotación y en los procesos metalúrgicos.

Difusión de la técnica de fundición

La rápida acumulación de experiencia y conocimiento de la técnica minera permitió que con el pronto establecimiento de caminos y rutas de acceso, se diera una extensa difusión y aplicación de éstas por todos los reales de minas. Esto puede observarse con lo ocurrido en el Camino Real de Tierra Adentro, que gracias al descubrimiento de las minas zacatecanas se extendió hasta Nuevo México en la última década del siglo XVI

Las condiciones de descubrimiento y exploración lograron que una extensa región del norte, por donde se dio el trazo del Camino Real, se establecieran combinaciones de asentamientos mineros, comerciantes, misioneros, ganaderos, arrieros, alfarifes y trabajadores. Así, a tan sólo 20 años de creado el Camino de la Plata ya se había explorado y colonizado la comarca minera más importante de la Nueva Galicia y de la Nueva España en el septentrión.

Pero esa extensa región, poblada de centros mineros, tenía diversos requerimientos, particularmente para la explotación de los minerales y el beneficio de la plata, pues gracias al constante tráfico por el Camino Real, el uso de las técnicas en minería se difundieron de manera sorprendentemente rápida. Así, por esta importante arteria circularon carretas y recuas de mulas cargadas con maquinaria, herramientas e insumos para la minería, donde el proceso de beneficio de la plata era el que con mayor frecuencia requería del abasto. En efecto, el método de fundición, primer sistema utilizado en todas las minas de la Nueva España, requería de grandes cantidades de madera que usaba como combustible para operar los diversos hornos usados en la refinación de la plata; llegarían también por el Camino Real la greta y la cendrada, pequeños crisoles hechos con huesos calcinados y con ellos las fraguas y los fuelles, todo destinado a la "Frontera de la Plata"

También recorrieron el Camino Real el ingenio y la experiencia acumulados en los diversos centros mineros de la extensa comarca fronteriza. Sin embargo, al tratar de beneficiar yacimientos localizados a mayor profundidad y con sulfuros más rebeldes a la fundición, comenzaron las dificultades. Por fortuna para la minería, en 1555 se produjo un hecho de gran trascendencia: en la hacienda de fundición "Nuestra Señora de la Purísima Concepción", de Pachuca, Bartolomé de Medina inventa "el primer método industrial de beneficio de los minerales de plata por amalgamación", acontecimiento tecnológico que revolucionaría la minería de la época. Con la rápida difusión de tan novedoso método, conocido después como "beneficio de patio", a lo largo de todo el Camino Real de Tierra Adentro permite que dos años después, en 1557, las minas de Zacatecas beneficien por medio del mercurio toda la plata extraída del subsuelo.

La gran bonanza

Los requerimientos de insumos y materia prima para la aplicación del beneficio por amalgamación fueron variando a medida que se perfeccionaba o se le introducían nuevas modalidades en los distintos centros mineros, pero en lo que fue su origen sólo se requería el mineral, sal común y mercurio, de manera que las etapas del beneficio eras: molienda de la mena (mineral en bruto) con mazos y tamizado; amasado (repasos) o agitación de la masa con los ingredientes, la sal común y el mercurio; lavado de la amalgama (mezcla resultante) y desazogado (separación de la plata y el mercurio). Con las continuas llegadas de todo lo necesario para lograr que las diversas minas ubicadas a lo largo del Camino de la Plata continuaran en operación, había llegado también la gran bonanza de la minería, pues el nuevo método de beneficio permitía aprovechar ahora minerales con bajos contenidos de plata además de beneficiarlos en cantidades industriales. Se lograron, también, recuperar los minerales de plata contenidos en los que habían sido considerados como "terreros de poco interés" y que habían sido acumulados durante los primeros años de la explotación minera. Con esto también tuvo lugar un mayor acarreo de numerosas y diversas herramientas y de mayores cantidades de insumos provenientes de distintas regiones de la Nueva España destinadas a la lejana frontera.

Nuevos reales de minas

Estas continuas e incesantes remesas a la minería ya establecida permitían que al surgir nuevos reales de minas se pusieran inmediatamente en práctica las técnicas ya conocidas. Así, en el lapso de 40 años se dan descubrimientos de importantes centros mineros como Comanja en la jurisdicción de Lagos; Charcas y el real de Nuestra Señora de los Milagros de Ramos en San Luis Potosí; Pinos y Ojo Caliente en Zacatecas. Todos ellos puestos en explotación entre 1560 y 1600 con técnicas de trabajo ya perfeccionadas y con algunas variantes en su aplicación. En todos predominó "el beneficio de la plata por azogue". Pero mientras esto sucedía en la región de Zacatecas a México sobre zonas cercanas al Camino Real, en la extensa región desconocida del norte, que gracias a la extensión de tan importante arteria pronto llegó hasta Nuevo México, se descubrieron en un lapso de 50 años, de 1550 a 1600, los reales de minas de San Martín, Fresnillo, el Real y Minas Villa de Lerena y Nuestra Señora de las Nieves en el norte de Nueva Galicia, Santa Bárbara en Chihuahua y las minas de Mapimí, Cuencamé e Indehé en Durango. En todos ellos se estableció también el método que descubrió y perfeccionó Bartolomé de Medina, no obstante que en la Villa de Lerena la mayor cantidad de plata beneficiada durante toda su etapa de producción fuera por fundición.

Para toda la minería del norte novohispano resultó de vital importancia el establecimiento del Camino Real de Tierra Adentro, pues para lograr "poner en corriente los beneficios de azogue", eran indispensables grandes cantidades de "saltierra", "magistral" y mercurio. Tan sólo a las minas de Zacatecas llegaban 20,000 fanegas de saltierra (1,300,000 kg) y de 2,000 a 3,000 quintales de azogue (92,000-138,000 kg) por año.

Productos y herramientas básicas

Otros productos necesarios para la minería eran el aceite, el cebo y la hilaza o pabilo para las velas utilizadas en el alumbrado de las minas, así como cueros para la fabricación de bolsas o sacos requeridos para el acarreo del mineral y para desagüar los tiros y galerías mineras. Herramientas básicas para la explotación y tumbe de las vetas eran el zapapico, la barra, la cuña y el wingaro, especie de marro que servía para golpear la barra.

En muchas fases de la actividad minera era necesaria la aplicación de fuerza motriz para llevar a cabo algún proceso y, de acuerdo con las regiones, ésta era proporcionada por mecanismos movidos por agua o por tracción animal. En las condiciones climáticas de todo el norte novohispano, donde el agua es particularmente escasa, las mulas formaron otro elemento de gran importancia para la actividad minera. Era con ellas como se lograban accionar los malacates para el desagüe de minas inundadas; los molinos y las tahonas y los arrastres para pulverizar el mineral también eran movidos por bestias; y el acarreo de las "cargas" de las minas a las haciendas de beneficio se llevaba a cabo a lomo de mula. Por ello, no es sorprendente que la minería zacatecana del siglo XVII requiriera de "ocho mil mulas y mil bestias de carga" para mantener en "corriente los ingenios y desagües de sus minas.

Mano de obra abundante

No obstante lo anterior, resultaba indispensable el uso de la mano de obra en gran cantidad, sobre todo cuando la bonanza minera se presentaba en una región, pues con ella llegaban los diversos "operarios de minas", entre los que destacaban los capataces o capitanes de mina, los barrenadores y los piqueadores que llevaban a cabo el tumbe del mineral, y para separarlo y quebrarlo en el interior de la mina estaban el pepenador, el quebrador y el metalero. Para la extracción y el acarreo estaban los tenateros, los malaceteros y los muleros; y quienes realizaban la fortificación de tiros, frentes y socavones recibían el nombre de ademadores o paleros. En tanto que en el beneficio de la plata se aplicaban quebradores, obreros, pepenadores, arrieros, norieros, azogueros, ensayadores, horneros, fundidores, veladores y porteros, todos ellos bajo la supervisión de mayordomos y administradores.

Así, se puede afirmar que la minería ofreció la seguridad del consumo de diversos productos y materias primas necesarias para todas las etapas del proceso productivo, por lo que resultó providencial el hecho de que el Camino Real se abriera a los continuos viajes, y que con ello se difundieran las noticias de un nuevo descubrimiento o de una bonanza minera para atraer emigraciones, conformadas, no sólo por mineros, sino por comerciantes, fleteros, artesanos e individuos de todas las clases sociales que establecieron allí su residencia.


Artículo publicado en la Revista México en el Tiempo. Año 4, Número 27, Noviembre-Diciembre 1998. (pp 34-40). Editorial México Desconocido, S.A. de C.V.

Autor, Antonio Ramírez Ramos, es Ingeniero Minero-metalurgista y Maestro e investigador en la UAZ.

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